Bienvenidos
a Leyendas de Retalhuleu
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El
departamento de Retalhuleu es rico en tradiciones literarias orales como
leyendas, cuentos, poesía y teatro popular.
En cuanto a las leyendas, todos los municipios de Retalhuleu presentan
historias de aparecidos y ánimas en pena. Destacan personajes como el
Sombrerón, la Llorona, el Cadejo, y los Encantos de los Cerros.
Una de las variantes de el Sombrerón que se aparece en El Asintal es
que, además de cantar con su guitarra pequeña a las "niñas de ojos
zarcos", también aparece ligado con los cortadores de caña, "porque
gusta de comer mucha panela".
También está el Tzipitío, un personaje pequeñito que se esconde entre
las cenizas de los fogones y cuida el hogar. Las gentes de Santa Cruz
Muluá dicen que posee un gran sombrero, pero que tiene los pies al revés
y "como deja las huellas para otra dirección", nadie lo logra atrapar.
En
Retalhuleu se cuenta también la leyenda de la Sirena, que incluso tiene
una fuente y una estatua en la ciudad. En tiempos lejanos fue una mujer
que se bañó en el río Bolas, un día Viernes Santo, y Dios la convirtió
en Sirena, porque, según la tradición, está prohibido bañarse ese día
"por la muerte de Nuestro Señor". Y, "para que todos la vieran, la
esculpieron y la pusieron en una fuente". Además, está el cuento de las
piedras del Río Cangrejo de Oro, en San Martín Zapotitlán, que se
vuelven de oro para quien lo pide con fe al espíritu del río, y éste las
regala para siempre.
En San Sebastián Retalhuleu, existe el cerro Xilimabaj, en donde aparece
un señor vestido de negro, Juan Ceniza. Dicen que cuando una persona
tiene "pochas de cacao", las cambia "por panes que no se acaban" y
pueden comerse.
Se
parecen, según los batanecos, (nombre que reciben los originarios de ese
lugar), al pan de árbol.
En San Andrés Villa Seca, en un lugar llamado el Estero de la Virgen,
surge la Siguanaba, a quien han visto por las noches de luna llena
bañándose casi desnuda, con un peine y un guacal de oro.
En Champerico, el 24 de junio, día de San Juan, a las seis de la tarde
se deja venir un toro de oro procedente del mar, que camina por la playa
viendo hacia el pueblo. Quien lo mira tiene buena suerte el resto del
año. No se le puede lazar, porque cuando se le tira el lazo, se vuelve
agua.
Uno de los departamentos más ricos en leyendas relacionadas con el mar
es Retalhuleu. Los pescadores de Champerico dicen que para la noche del
día de San Juan, a la hora del sereno, cerca del viejo muelle del
puerto, aparecen unas mujeres con cola de pescado, "que cantan canciones
tan chulas que atraen a los peces" y sobre todo a los tiburones que se
ven desde la orilla del mar. Los pescadores tienen que aprovechar esa
noche cuando ven a la sirena, porque es cuando la pesca abunda. Dicen
que por Champerico pasó San Juan y sembró su estaca en el puerto, y
desde entonces la pesca es abundante. Sólo ese día salen las sirenas.
En cambio, en las costas del municipio de Retalhuleu cuenta la historia
que se aparece un gran caballo blanco, con crines de oro. Este animal
sale del mar lleno de peces y durante las noches se introduce en los
algodonales, los cuales marchita porque los salpica con agua del mar,
arena y sal. Los pescadores de San Andrés Villa Seca aseguran que han
visto a este caballo, pero es de oro. Lo ven en la tarde, cuando en
busca del sol vuelve al mar, pero para entonces ha causado mucho mal a
los algodonales. Por eso, cuentan en Champerico que se arruinaron todas
las plantaciones de algodón de Retalhuleu.
En
el caserío del Manchón y en el pueblo del Tulate, en Champerico, se
habla que hay un pueblo maya hundido en las costas de Retalhuleu. En las
noches de luna llena y cuando el mar está calmado, los pescadores han
visto las pirámides y las casas sumergidas bajo las olas y la espuma.
Esa fue la ciudad quiché del Rey Kikab, que se hundió en el mar para que
los españoles no encontraran las riquezas que habían en los templos,
sobre todo jade y oro.
Algunos habitantes de la aldea Voltarío dicen que en las noches del ocho
de diciembre, la ciudad se ve sobre el mar, porque el diablo la saca
desde las profundidades para enseñárselas a la Virgen de Concepción, que
sale en anda ese día. Ella es la patrona de Retalhuleu
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